· El Centro de Formación y Desarrollo de Adolescentes (CEFODEA) ofrece formación de educación media y vocacional.
·
Este
centro tiene una capacidad para 200 estudiantes, para este 2026 espera alcanzar
una matrícula de 100 jóvenes en sus diferentes talleres.
Con solo 17 años, Álvaro Rodríguez celebra un logro que
durante mucho tiempo pareció inalcanzable: su graduación en el Centro de
Formación y Desarrollo de Adolescentes (CEFODEA).
Álvaro es uno de los 21 adolescentes que integraron la
promoción 2025, pero su caso destaca por la profunda transformación que
experimentó durante el proceso formativo. No solo logró culminar con éxito sus
estudios, sino que se graduó en el primer puesto de honor de su clase,
demostrando que el cambio es posible cuando confluyen el acompañamiento
adecuado, la orientación oportuna y la determinación de salir adelante por sí
mismo y por su familia.
Durante la ceremonia, se le observaba sereno y firme, aunque con la timidez propia de su edad, mientras aguardaba el momento en que la ministra de Desarrollo Social, Beatriz Carles, le entregara el diploma que hoy simboliza esfuerzo, constancia y superación personal.
Este joven reconoce que en el pasado mantuvo una relación
difícil con la escuela. Repeticiones de año, desinterés por el estudio y una
visión equivocada sobre la importancia de la educación marcaron su trayectoria.
“Pensaba que estudiar no servía para nada”, confesó. Sin embargo, su historia
comenzó a cambiar gracias a la intervención oportuna de su familia y a la
existencia de un espacio como el Centro de Formación y Desarrollo de
Adolescentes (CEFODEA), una oportunidad educativa que ofrece el Ministerio de
Desarrollo Social (MIDES) para acompañar a adolescentes que atraviesan
situaciones similares.
Fue su madre quien, tras recibir un volante y escuchar
referencias positivas sobre el centro, decidió buscar una alternativa distinta
para su hijo. Álvaro llegó al CEFODEA no como un joven derrotado, sino como
alguien que, aunque confundido, estaba dispuesto a intentarlo una vez más. Allí
encontró un entorno diferente: docentes comprometidos, formación técnica,
talleres prácticos y un enfoque integral que va más allá de las aulas
tradicionales.
Su historia es prueba de que, incluso después de las etapas más difíciles, siempre hay espacio para la esperanza. También confirma el papel fundamental de este centro como un refugio educativo y humano para jóvenes panameños que encuentran allí una segunda oportunidad para retomar sus estudios y reconstruir su proyecto de vida.
El CEFODEA no solo ofrece educación, sino también
orientación, disciplina y herramientas para la vida. En ese proceso, Álvaro
comenzó a transformar su manera de pensar, a reconocer sus errores y a valorar
el estudio como una oportunidad real para construir un mejor futuro. Dentro de
los talleres, fue la informática el área que más le llamó la atención. El
aprendizaje sobre computadoras, internet, inteligencia artificial y tecnología
despertó en él un nuevo interés y lo motivó a proyectarse hacia carreras relacionadas
con estos campos.
“Antes no me veía graduándome; era algo que sentía muy
lejano”, admitió. De hecho, su decisión de ingresar al centro surgió tras
varios meses de permanecer en casa, sin un rumbo claro, hasta que comprendió
que necesitaba hacer algo por su vida. Fue entonces cuando, por iniciativa
propia, le pidió a su mamá que lo ayudara a regresar a la escuela. Esa decisión
marcó un antes y un después en su historia.
Hoy, Álvaro habla con madurez sobre su pasado y su
presente, y reconoce que muchos jóvenes, aun teniendo oportunidades, no siempre
las aprovechan y terminan desviándose del camino. Por ello, su mensaje es
claro: sí se puede cambiar, incluso cuando nadie obliga, cuando la decisión
nace desde adentro. Ese es uno de los mayores aportes del CEFODEA: ayudar a que
los jóvenes descubran su potencial académico y tomen decisiones conscientes
sobre su futuro.
Tras recibir su diploma, tiene claras sus metas: “Quiero
continuar con mis estudios, completar los años que me faltan y, más adelante,
ingresar a la universidad para estudiar arquitectura o programación”.
No obstante, su mayor sueño no está relacionado únicamente
con títulos académicos, sino con su familia. Álvaro desea salir adelante para
apoyar a su madre y demostrarle que aquel joven que cometió errores hoy piensa
y actúa de manera diferente.
La graduación de Álvaro Rodríguez no representa solo un
logro personal, sino también un reflejo del impacto positivo que el CEFODEA
tiene en la vida de muchos adolescentes. Prueba de ello es que, durante el 2025,
el centro ha atendido a un total de 44 estudiantes, demostrando que cuando
existen instituciones comprometidas con la formación y el desarrollo humano,
las historias de fracaso pueden transformarse en historias de éxito.
Hoy, Álvaro ha ganado confianza, propósito y las
herramientas necesarias para construir su futuro. Su testimonio reafirma que,
cuando se cree en los jóvenes y se les brindan oportunidades reales, los sueños
vuelven a tener sentido.
El Centro de Formación y Desarrollo de Adolescentes
(CEFODEA) ofrece formación en educación media y vocacional. Cuenta con una
capacidad para 200 estudiantes y, para este 2026, espera alcanzar una matrícula
de 100 jóvenes distribuidos en sus diferentes talleres.
.jpeg)

Comentarios
Publicar un comentario