La productora y lideresa panameña, Idalides Calderón, fue seleccionada entre las 100 Mujeres Heroínas de la FAO en los Sistemas Agroalimentarios y el Desarrollo Rural, un reconocimiento que adquiere especial relevancia en el marco del Año Internacional de la Agricultora 2026.
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La productora y lideresa rural panameña Idalides Calderón de González, originaria de la provincia de Chiriquí, fue reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como una de las 100 Mujeres Heroínas en los Sistemas Agroalimentarios y el Desarrollo Rural, durante el Foro Mundial de la Alimentación, realizado en Roma.
El reconocimiento destaca a mujeres de diferentes partes del mundo por su contribución a la agricultura, los sistemas agroalimentarios y el desarrollo de sus comunidades. En el caso de Idalides, su postulación fue realizada a través del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) resaltando su trayectoria de varias décadas vinculada a la producción de alimentos, la organización comunitaria, la promoción del liderazgo y la participación de las mujeres rurales de Panamá.
La distinción cobra además un significado especial en 2026, Año Internacional de la Agricultora, que busca reconocer y visibilizar la contribución fundamental de las mujeres a los sistemas agroalimentarios, así como promover acciones que fortalezcan sus oportunidades y participación en el desarrollo rural.
Para Idalides este reconocimiento de la FAO es hacia todas las mujeres rurales del mundo. “Para mí, ese reconocimiento lo comparto con todas las mujeres rurales de Panamá porque ese es el fruto del trabajo de todas en conjunto”, expresó.
Su historia
La historia de Idalides con la agricultura comenzó mucho antes de convertirse en lideresa. Creció en una finca bananera de Chiriquí donde trabajaba su padre. Detrás de la casa, su familia cultivaba frutas, tubérculos, raíces y maíz para complementar su alimentación.
Cuando tenía nueve años, su padre falleció. La agricultura de subsistencia que la familia practicaba adquirió entonces todavía mayor importancia para salir adelante. Cultivaban aguacate, mamoncillo, banano, plátano, yuca, cacao, papaya y maíz, entre otros productos. Una parte era destinada al consumo familiar y otra podía venderse para complementar los ingresos del hogar.
Esa relación con la tierra nunca desapareció, incluso mientras Idalides trabajaba y buscaba continuar sus estudios.
“Para mí era muy importante sembrar porque a mí me gustaba mucho”, explica. “La producción familiar permitía además reducir los gastos en alimentos y, cuando había excedentes, generar algunos ingresos”.
Actualmente, Idalides y su familia producen, entre otros cultivos, pipas, papaya, distintas variedades de banano y aguacate, yuca, maíz y piña, además de árboles maderables. Parte de la producción se destina al autoconsumo y otra parte a la venta.
Su experiencia individual comenzó posteriormente a transformarse en una experiencia colectiva.
Idalides reunió a mujeres de su comunidad que cultivaban, criaban animales y desarrollaban otras actividades para contribuir a la economía de sus hogares. Así se consolidó la Asociación Agro artesanas de Barú, organización que obtuvo su personería jurídica en 2006.
La agricultura y la cría de animales constituyen el centro de su actividad, mientras que la transformación de productos y las artesanías ofrecen alternativas para generar ingresos adicionales. Las mujeres agregan valor a algunos de los alimentos que producen mediante la elaboración de tamales, bollos y otros productos que posteriormente comercializan.
“La prioridad de nosotros es la siembra y la cría de animales”, explica Idalides sobre la organización.
Actualmente, Agro artesanas de Barú está integrada por alrededor de 18 mujeres y sus familias, quienes producen en sus propios terrenos y, en determinadas ocasiones, reúnen sus productos para comercializarlos colectivamente en su comunidad y en ferias.
Idalides Calderón: sembradora de frutos
Uno de los momentos que Idalides recuerda con mayor satisfacción ocurrió durante la pandemia de COVID-19.
Las mujeres de la organización decidieron producir hortalizas en una zona de clima caliente y en condiciones en las que muchos consideraban difícil obtener buenos resultados. Cultivaron repollo, lechuga, brócoli y cebolla.
La producción no solo prosperó, sino que permitió apoyar a otras personas en uno de los momentos más complejos de la emergencia.
En cuatro ocasiones, las mujeres compartieron parte de sus cosechas con un albergue de personas mayores, en un período en el que las restricciones de movilidad dificultaban el acceso a algunos alimentos.
La experiencia reflejó para Idalides una de las dimensiones fundamentales de la agricultura familiar: producir alimentos no únicamente para generar ingresos o abastecer un hogar, sino también para fortalecer la solidaridad dentro de las comunidades.
Con los años, el liderazgo de Idalides trascendió su comunidad y la provincia de Chiriquí. Es presidenta de la Red Panameña de Asociaciones de Mujeres Rurales, una plataforma organizada por el MIDA que, según explica, articula alrededor de 3 000 mujeres organizadas a nivel nacional.
Desde estos espacios, ha promovido la organización de las productoras, el intercambio de conocimientos, la generación de ingresos y una mayor valoración del aporte de las mujeres a la agricultura y a las economías rurales.
A sus 74 años, considera que una parte fundamental de su trabajo actual consiste en transmitir los conocimientos acumulados durante décadas a las nuevas generaciones.
“Mis conocimientos serán transmitidos también, sin costo alguno, porque para eso estamos: para poder ayudar a todas las mujeres que están empezando ese camino de la agricultura y aquellas que también lo siguen”, afirmó.
El reconocimiento otorgado por la FAO a Idalides Calderón pone en valor una trayectoria individual, pero también permite visibilizar el papel que desempeñan las mujeres rurales en la producción de alimentos, la agricultura familiar, la generación de ingresos y el desarrollo de sus comunidades.
Este mensaje adquiere particular relevancia durante el Año Internacional de la Agricultora 2026, que constituye una oportunidad para reconocer su aporte y promover condiciones que permitan a más mujeres desarrollar plenamente su potencial dentro de los sistemas agroalimentarios.
Para Idalides, el futuro pasa precisamente por las mujeres jóvenes y por su capacidad de aprovechar nuevas oportunidades sin perder el vínculo con el territorio.
“En el campo, en la ruralidad, está el alma de un país, porque de allí se come, de allí se exporta, de allí se vende”, sostiene.
Después de décadas trabajando la tierra, organizando mujeres y compartiendo conocimientos, tampoco contempla abandonar aquello que comenzó siendo una práctica familiar durante su infancia.
“No dejo lo que yo hago, no, jamás. Hasta que Dios me quiera llevar, yo seguiré siendo Idalides Calderón, sembradora de frutos”.
Desde El Progreso, en Barú, hasta recibir un reconocimiento internacional de la FAO, su historia resume precisamente aquello que el Año Internacional de la Agricultora busca poner en primer plano: mujeres que producen alimentos, sostienen a sus familias, generan oportunidades, transmiten conocimientos y contribuyen cada día a transformar los sistemas agroalimentarios y las comunidades rurales. |


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