Nutricionista explica qué hábitos alimentarios pueden favorecer una
práctica más cómoda y equilibrada, antes y después de cada sesión.
Mucho más allá de la flexibilidad y la respiración, la práctica de yoga también requiere atención a la alimentación. Lo que comes antes y después de la clase puede influir en la energía y la concentración necesarias para realizar las posturas e incluso en la recuperación muscular. Esto aplica tanto para modalidades más suaves y meditativas como para versiones más intensas, como vinyasa, power yoga y hot yoga.
Según la nutricionista Fabiana Cremer García, miembro del Consejo
Consultor de Nutrición de Herbalife, mantener una alimentación equilibrada y
adecuada al tipo de práctica ayuda al cuerpo a responder mejor a los ejercicios
y contribuye a una experiencia más cómoda y placentera sobre el mat. “No hace
falta seguir una dieta restrictiva ni compleja. Lo más importante es construir
una rutina equilibrada, respetando las señales del cuerpo y las necesidades
individuales de cada práctica”, explica Fabiana.
Conozca las recomendaciones de la especialista:
1.
Evite las
comidas pesadas antes de la práctica
Las torsiones, inversiones y movimientos que comprimen el abdomen pueden
generar molestias cuando la práctica ocurre poco después de comidas abundantes
o con alto contenido de grasa. Lo ideal es priorizar alimentos ligeros y de
fácil digestión aproximadamente una hora antes de la clase.
Pequeñas porciones de frutas, yogur, batidos, tostadas integrales o
avena suelen ser opciones más cómodas para la digestión. “Consumir un volumen
mayor de alimentos antes de la práctica puede afectar la movilidad, la
respiración y la sensación de bienestar durante los ejercicios”, explica la
nutricionista.
2.
Incluya
carbohidratos
Algunas modalidades de yoga exigen fuerza, equilibrio y bastante
resistencia muscular. En este contexto, los carbohidratos cumplen un papel
importante al aportar energía para el cuerpo y el cerebro, ya que se
transforman en glucosa, una de las principales fuentes de energía utilizadas
por el sistema nervioso central, influyendo en la atención y la concentración.
Frutas, pan integral, avena y miel pueden ayudar a mantener la
disposición durante la práctica.
3.
La proteína
también marca la diferencia
Quienes practican yoga con frecuencia —especialmente modalidades más
intensas— también deben prestar atención al consumo de proteínas. Este
nutriente participa en la recuperación muscular y en el mantenimiento de la
masa magra, además de apoyar la salud muscular a lo largo del envejecimiento.
La alimentación puede incluir huevos, yogures y quesos bajos en grasa,
legumbres, batidos proteicos y whey protein.
4.
La
hidratación es esencial
La pérdida de líquidos ocurre incluso en prácticas consideradas suaves y
puede ser aún mayor en ambientes cálidos, como en el hot yoga. Cuando la
hidratación no es adecuada, pueden aparecer síntomas como fatiga, mareos, dolor
de cabeza y disminución del rendimiento, además de afectar las funciones
cognitivas, el estado de ánimo y el desempeño físico. “Lo ideal es mantener el
consumo de agua a lo largo del día y reforzar la atención antes y después de
las clases, considerando 35 ml por kilo al día”, recomienda la nutricionista.
5.
Apueste por
nutrientes que apoyan la relajación y la recuperación
El magnesio, el omega-3 y los alimentos fuente de triptófano pueden
contribuir a la recuperación y al bienestar general de quienes practican yoga
regularmente.
El magnesio participa en la función muscular y neurológica, mientras que
el omega-3 está asociado con la modulación inflamatoria. El triptófano, por su
parte, es un aminoácido involucrado en la producción de serotonina,
neurotransmisor relacionado con el estado de ánimo y la sensación de
relajación.

Comentarios
Publicar un comentario