Por: Carlos Acevedo, Gerente de Construcción para Panamá en Arcos Dorados
Cuando hablamos de sostenibilidad en las infraestructuras solemos pensar en locales “hacia adentro”: eficiencia energética, tecnología, ahorro de agua, materiales y certificaciones. Todas características necesarias, valiosas y que tomamos en cuenta. Sin embargo, hay una parte igual de determinante, y menos conversada, que sucede “hacia afuera”: y es cómo un espacio comercial que se integra a la vida de la ciudad puede influir e intervenir en la experiencia de quienes caminan, esperan un bus, cruzan una calle o simplemente viven en la zona.
Ese borde, la acera y el frente inmediato del proyecto, donde se cruzan lo privado y lo público, suele ser un aspecto que se pasa por alto, que dejamos pasar entre las líneas grises de lo que es propio y lo que no, ahí es donde una obra demuestra su capacidad de ser sostenible: no solo por lo que reduce en consumo, sino por lo que aporta a la comunidad.
Restaurantes, oficinas y comercios, desde una farmacia hasta un hotel, no son solo puntos de consumo: son piezas de la ciudad que se relacionan de forma directa con el día a día de las personas.
Un negocio puede tener un interior impecable y aun así intervenir directamente en la continuidad de la acera, en el espacio para caminar, eliminar o hacer sombra, e incluso crear accesos vehiculares que se pueden volver potenciales puntos de riesgo.
En Panamá, esta conversación no es solo de estética: también es de normas y de buen uso del espacio público, en donde una de nuestras responsabilidades como nuevo vecino es identificar el papel que jugamos dentro del entorno y el impacto que podemos tener en el mismo. Para nosotros, la invitación está en cumplir con lo que ya existe, elevar el estándar y contribuir al funcionamiento del entorno.
Un aspecto clave que profundiza esta evaluación e incluso le ayuda es cuando el sector privado y el público dejan de verse como mundos separados y se alinean en objetivos compartidos.
Un ejemplo reciente y replicable es el trabajo que impulsamos junto a la Alcaldía de Panamá con la construcción de los McDonald’s en Vía Porras y Marbella, donde participamos como empresa pionera en el proyecto de recuperación y adecuación de aceras en Calle 50, tomando acción en nuestro exterior con aceras caminables, espacios verdes, e incluso una parada de bus, dejando este proyecto como un referente práctico de la forma correcta de insertarse en un espacio público.
Teniendo en cuenta estos aspectos y referencias, es importante tener claro que lo importante es que estas intervenciones no dependen de un “mega proyecto”: dependen de decisiones de diseño y ejecución que las empresa podemos incorporar si asumimos nuestro impacto y decidimos trabajar en conjunto, haciendo que en medio de las áreas grises exista una sana convivencia que puede ser un ganar-ganar para todos.
Por eso, la colaboración público–privada es un accionar que impulsa el desarrollo de los espacios públicos, porque acelera mejoras que, de otra forma, tomarían mucho más tiempo, y deja resultados visibles para la sociedad. Además, aterriza el concepto: no se queda en “responsabilidad social”, sino que impacta seguridad peatonal, movilidad y calidad de vida.
Esto es para nosotros una invitación, a aplicar la sostenibilidad en todos los ámbitos en donde nuestro impacto llegue, ya sea si es directo o indirecto, porque siempre podemos actuar como agentes de impacto positivo que contribuyen al desarrollo del entorno en donde estamos presentes.


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