Por: Joselyn Bravo, Gerente de Supply Chain en Arcos Dorados Panamá
Pocas industrias han sido objeto de tantos mitos como la de los alimentos. En la era de las redes sociales, basta una publicación viral para instalar dudas sobre ingredientes, procesos de producción o estándares de calidad. Las hamburguesas no han escapado a este fenómeno y, durante años, han sido protagonistas de teorías que poco tienen que ver con la realidad.
Quizás uno de los mitos más repetidos es que la carne de las hamburguesas de comida rápida contiene rellenos, aditivos o conservantes para prolongar su vida útil; sin embargo, la realidad en McDonald’s es mucho más sencilla y transparente: la carne utilizada es 100% de res, totalmente libre de saborizantes o colorantes, y su sabor proviene exclusivamente de su alta calidad y de un proceso de cocción al que únicamente se le añade sal y pimienta.
Para garantizar este estándar de calidad en los ingredientes, a nivel de Panamá, en McDonald’s nos hemos apoyado históricamente en la excelencia local. Desde la llegada de la marca al país, hemos trabajado junto a Fortunato Mangravita S.A., una empresa panameña con más de cinco décadas de experiencia y nuestro proveedor más antiguo. Esta alianza trasciende la confianza comercial; representa un compromiso ininterrumpido de más de 50 años que fortalece directamente la producción nacional y sostiene una cadena de suministro integrada por cientos de familias panameñas ubicadas en regiones tradicionalmente ganaderas como Darién y Los Santos.
Cada hamburguesa representa mucho más que un producto de consumo. También es el resultado del esfuerzo de productores nacionales que contribuyen al desarrollo económico de las zonas rurales y al fortalecimiento del sector agropecuario panameño. Pero ¿cómo se garantiza que esa carne llegue en óptimas condiciones al consumidor?
La respuesta está en los estrictos controles de calidad, seguridad alimentaria y cadena de frío implementados desde la planta procesadora hasta el restaurante, operando siempre bajo la supervisión de las autoridades de salud de Panamá. Cada lote supera constantes análisis microbiológicos, lo que nos permite garantizar una trazabilidad total; de esta forma, podemos identificar exactamente de qué finca proviene la carne de cada hamburguesa, brindándole al consumidor la tranquilidad de recibir un producto de la más alta calidad.
Al final del día, la verdadera receta de nuestras hamburguesas no tiene ingredientes ocultos ni fórmulas secretas. Se resume en el trabajo constante de los ganaderos panameños, la excelencia de una industria nacional con décadas de experiencia y nuestra promesa inquebrantable de calidad. Por eso, la próxima vez que disfrute de una de nuestras hamburguesas, hágalo con la total tranquilidad de saber que la única verdad detrás de esa carne es el esfuerzo, la transparencia y el compromiso de un proceso de producción 100% panameño, que impulsa el desarrollo local y refleja el orgullo de quienes la hacen posible.
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